sábado, 30 de enero de 2010

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos


Vicente Ferrer nació en Barcelona en 1920 y su infancia transcurrió entre Barcelona y Gandía. El 36 trajo la guerra y Vicente fue llamado a las filas republicanas, con tan sólo 16 años. Al terminar la guerra comenzó los estudios de derecho, pero con la firme determinación de descubrir el camino a seguir para responder a su vocación: ayudar a los demás (pobres, discriminados, enfermos...). Encontró en la Compañía de Jesús una organización que le atrajo por su imagen de heroicidad, sabiduría, grandes ideales y lucha por un mundo mejor. Con la ilusión de cumplir fielmente sus principios, abandonó los estudios e ingresó en la orden. En 1996 creó en España la Fundación Vicente Ferrer, a la que ha dedicado toda su vida desde entonces. En la Fundación Vicente Ferrer trabajan para mejorar las condiciones de vida de los grupos más desfavorecidos de la India y por concienciar a la población española sobre la importancia de ese compromiso solidario.

Ojalá Vicente Ferrer fuera un ejemplo para todos nosotros. Ojalá todos fueramos gente como él dispuestos a ayudarnos entre nosotros. Gente servicial y bondadosa, gente dispuesta a sacrificarse por los demás. Si así hicieramos todos, no habrían tantos enfermos ni discriminados; seríamos un mundo unido.

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